miércoles, 7 de noviembre de 2007

La violencia, un miembro más de la familia.

En cada casa merodea y nadie puede ver cuando entra; como un ladrón profesional se posesiona y nos arrebata los valores más preciados de una familia: la armonía y el amor.
Entonces, sin darnos cuenta entra el odio, la negación, la intolerancia, la desesperación y la angustia. Es increíble como la violencia es parte ya de la cotidianidad del núcleo familiar, y cada vez se conocen más casos de mujeres maltratadas de hombres violentados, y de niños en los que se descargan los sentimientos de derrota y frustración.
Esta semana escuche el testimonio de una mujer profesionista y exitosa que es victima de la violencia por parte de su marido, no lo podía creer, una mujer con un patrimonio propio, empresaria y madre de familia, contaba su desdicha y su desesperación por no librarse de la violencia, aún y cuando denuncia y busca ayuda.
Su narración la iniciaba diciendo “Se que un día me va a matar y como se que eso ocurrirá tarde o temprano, no me importa contar lo que me pasa, de todos modos me va a pegar”, esto mientras los presentes constatábamos las huellas de su golpiza número siete.
Luego en un informe de la UNICEF me enteró que 180 niños al año mueren en México a manos de la violencia intra familiar, que increíble es pensar que no importa que posición social tengas la violencia se apodera de los hogares y nadie informa de una solución.
Escucho a diario que hay que denunciar la violencia, pero ¿y .. qué hacer?, ¿qué paso sigue?, ¿hacia dónde se va?, ¿como se contraataca?. y lo mas triste es que nos sorprendemos porque después de una golpiza de 45 minutos una mujer perdona a su agresor, ¡claro que lo perdona¡, que hace después de la denuncia, ni las autoridades lo saben..

2 comentarios:

Abelardo Flores dijo...

Creo que como miembros de la sociedad debemos alzar la voz para que se legisle el castigo severo para quienes golpean a los niños. En cuanto a las mujeres maltratadas deberían perder el miedo de dejar a su marido, denunciarlo o darle de escobazos cuando está dormido.

José Luis dijo...

Hola Conny!

Ahí te envío un texto que hace tiempo Karla Tijerina me hizo favor de ddramatizar, se llama Culpa, es de Adela Pasarín, y lo adapté para un trabajo escolar:

La soledad, la violencia y el miedo se ceban en una mujer desesperada. Su voz nos arrastra a una realidad que supera cualquier pesadilla: la de las mujeres maltratadas.


No sé como llegué hasta a este torbellino de soledad y miedo en que se ha convertido mi vida, es culpa mía; soy tan torpe. Él no se cansa de repetírmelo: ¡Eres una estúpida! ¡Cómo puedes ser tan tonta! ¡Si no fuera por mí te morirías de hambre!

Y tiene razón; Nunca he trabajado, solo sirvo para llevar la casa y, según él, ni eso hago bien. No plancho a su gusto y jamás acierto con el punto de sal en la sopa. Antes eso me molestaba mucho, ahora solo trato de tenerlo contento para que no se ponga nervioso.

Él es bueno... ¡Pero tiene su carácter! A veces se toma una copa de más y no puede controlarse.
A los tres meses de casados me soltaba alguno que otro guantazo, los puñetazos llegaron después. Y ahora... ya ve como me ha dejado.

Aunque esta vez lo tengo bien merecido. ¡Por denunciarlo! Sí, Sr. Juez. Hace tres semanas que tuvimos la última bronca, me dejó tan mal que hubo que llevarme al hospital, y allí... yo estaba muy débil Sr. Juez, y me dejé convencer por la trabajadora social para denunciarlo.

La policía se lo llevó para darle un susto, pero… ¿Cómo iba a perdonarme él eso? … Al salir, tiempo le faltaba para ajustar cuentas conmigo.

Entró y sin decir palabra, me agarró del pelo, me tiró al suelo y empezó a darme patadas y puñetazos en el cuerpo. Luego, a golpes, me arrastró hasta la cocina y me pateó la espalda y el vientre, y los riñones... Golpeaba a ciegas. ¡Estaba como loco! …

…Lo… lo ...lo hace sin mala intención Sr. Juez, viera como se arrepiente y llorando me pide perdón cuando se le pasa... A los niños nunca me los ha tocado, eso se lo juro, es un buen padre.

Por eso no sé que me pasó hoy; Estaba tirada en el suelo de la cocina mientras él seguía con los golpes. Intentaba esconderme bajo una silla para protegerme la cabeza y entonces... lo he visto en el suelo, bajo la mesa, a unos centímetros de mis dedos.

¡Lo cogí Sr. Juez!... cogí el cuchillo y se lo clavé una vez, y después otra y otra... no sé cuantas veces. Creo que lo he matado. Es culpa mía ¿Verdad Sr. Juez? Soy una torpe.

Se los dejo de tarea.

Buena salud a todos.